‘Desplazados’: dejar de mirar nuestro ombligo para ver más allá

MINISERIE

No nos vendría nada mal reflexionar en algunas ocasiones sobre la llegada de refugiados a otros países, su trato, sus necesidades, la gestión sobre ello… Esto es lo que pretende ‘Desplazados’ (‘Stateless’), la nueva serie de Netflix. Esta miniserie australiana se basa en testimonios reales del recibimiento, trato y gestión de los refugiados que llegan a Australia. Creada por Tony Ayres, Cate Blanchett y Elise McCredie, ‘Desplazados’ entrelaza cuatro historias distintas que coinciden en un centro de detención australiano.

Su hilo conductor, o el que pretende serlo, es la historia real de Cornelia Rau, que adopta en la ficción el nombre de Sofie Werner y es interpretada por una conmovedora Yvonne Strahovski. Cornelia Rau era residente en Australia, aunque su origen era alemán. Fue detenida de manera ilegal durante casi un año como medida impuesta por el sistema de inmigración australiano. El destape de este caso de negligencia y mala gestión por parte del gobierno tuvo tal repercusión que, tras él, salieron a la luz más de 200 casos de detención ilegal por parte del departamento de inmigración de ese país.

Partiendo de esta premisa, nos acercamos a una situación escabrosa y que nos revuelve las tripas a través de tres personajes más. Todos y cada uno distintos en sus situaciones. Cuatro representantes de historias contrapuestas pero que tienen un punto de unión: el campo de detención. Ahí encontramos a Sofie Werner (Yvonne Strahovski), ciudadana alemana residente en Australia; Cam Sandford (un magnífico, y al principio enternecedor, Jai Courtney), un vigilante de seguridad del campo; Claire Kowitz (Asher Keddie) es la representante de inmigración que es enviada al centro para evitar cualquier noticia que salte a la opinión pública y pueda dañar el departamento de inmigración australiano; y Ameer (un sobresaliente Fayssal Bazzi), un afgano que huye de los conflictos de su tierra junto a su familia y busca un futuro en Australia.

Se representa así una dualidad de dos mundos: el primer mundo, el de occidente, mucho menos empático en su evolución, y el mundo de los refugiados, sin una esperanza a la que agarrarse cuando llegan a su destino y son detenidos como si fueran delincuentes. Personas como nosotros, pero con la mala suerte de haber nacido en un lugar con menos posibilidades de futuro. ‘Desplazados’ consigue que lleguemos a reflexionar sobre ello, que se nos despierten algunos dilemas morales y que cuestionemos la gestión de la llegada de refugiados a occidente.

Uno de los mayores aciertos de esta miniserie es la forma en la que narra los hechos que acontecen a los cuatro personajes que nos conducen. Una narración no lineal que nos pone a cada personaje en un punto de mira diferente. En cada capítulo encontramos flashbacks que nos cuentan su historia al detalle, lo que ha sucedido para que acaben en ese centro. Sin embargo, hay preponderancia por el hecho de que empaticemos más con el personaje de Sofie, algo que llega a funcionar a ratos. ¿El objetivo? Que el público se sienta cercano a una historia que nos puede llegar a ocurrir a todos.

De una forma encubierta, se denuncia este etnocentrismo que sentimos los seres humanos, y que en este sentido explotamos al máximo los países de occidente. Al final todo se destapa por el escándalo de que hay una mujer con permiso de residencia australiana que está detenida ilegalmente. Ese es el centro, y queda relegado a un segundo plano el drama que envuelven a los personajes que lo tienen mucho más complicado para conseguir un futuro mejor. Una ciudadana alemana es el eje, ¿y con eso nos sentimos más identificados?

Si no se tratara de la historia basada en hechos reales sobre la vivencia de una persona residente de pleno derecho en el país al que le ocurre tal injusticia, ¿la ficción nos hubiera acercado a este tipo de situaciones o solo llama nuestra atención aquello que es cercano? Abrir los ojos más allá de las fronteras y no solo preocuparnos por nuestros iguales. Y es que lo mismo que empieza denunciando ‘Desplazados’ es lo que acaba explotando en su desarrollo. La sobrexposición de un tema que afecta a la ciudadanía de occidente frente al olvido y falta de profundidad sobre historias cotidianas, personas que llegan diariamente a otros países en busca de oportunidades, huyendo de conflictos y con la esperanza de lograr un futuro mejor.

Con una dirección magistral de cada uno de los seis capítulos que conforman la serie por parte de Emma Freeman y Jocelyn Moorhouse, el guion de Elise McCredie y Belinda Chayko nos chirría un poco porque no llega a su climax. Como exposición del tema funciona de manera sobresaliente, pero la profundización en ese drama se queda corta. Aunque no deja de ser una serie que duele, no hay un posicionamiento claro de los creadores sobre los hechos. Se exponen de manera adecuada y con una narración sorprendente en su conjunto, pero no hay un veredicto.

Igualmente, ‘Desplazados’ es una serie necesaria para acercarnos a un tema que muchos desconocemos y muchos otros miran hacia otro lado. Una serie actual que resulta imprescindible para acercarnos a un problema que está a la orden del día. Aunque se ambienta en Australia, el tema que abarca es universal. Por ello, es necesario que dejemos de mirar nuestro propio ombligo y veamos más allá, porque aún hay muchas historias que merecen ser contadas y que deben tener una continuación digna.

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