‘El embarcadero’: la historia que gira y gira sobre sí misma

SERIE COMPLETA

Hace poco pudimos completar la serie de ‘El embarcadero’ con el estreno de su segunda y última temporada. La historia creada por Álex Pina y Esther Martínez-Lobato y producida por Movistar+ en colaboración con Atresmedia Studios llega a su fin tras dieciséis capítulos donde nos permite conocer una historia de amor entre tres personas y que termina en dos y con una trama que podría estar resuelta desde el primer capítulo.

La serie completa podría resumirse en una historia de amor y conocimiento de uno mismo. Con el pretexto de la muerte (suicidio o asesinato) de Óscar (Álvaro Morte, que se nos presenta como todo lo contrario a El profesor de ‘La casa de papel’) enfrenta las dos vidas paralelas que llevaba: su vida en la ciudad con su mujer Alejandra (Verónica Sánchez) y su vida en La Albufera con su pareja Verónica (Irene Arcos) y su hija.

En una sociedad acostumbrada a la monogamia, se nos presenta esta serie como un thriller emocional basado en el poliamor, pero que no nos engañen. Esto no es poliamor. La serie lo que nos muestra es un hombre que lleva una doble vida, que está enamorado de dos mujeres, sí. Pero que, al final, termina saturado de la situación que vive y su propia vida se hace insostenible. Aunque la historia final entre las dos protagonistas acabe satisfactoriamente, la serie idealiza una idea que no pertenece a lo que quiere defender.

El poliamor se refiere a mantener relaciones, ya sean sexuales y/o amorosas, con varias personas en el mismo tiempo y con conocimiento de todos los implicados, algo que en la serie no se cumple. Porque, aunque Verónica, que cree en el amor libre y reniega de las etiquetas y clichés sociales, sí conoce la vida que lleva su compañero Óscar, Alejandra desconoce todo lo que rodea a su marido. Aunque cabe destacar en este sentido que lo más positivo son las nuevas perspectivas que ‘El embarcadero’ nos llega a mostrar sobre la identidad sexual y las “no” etiquetas en las relaciones personales (¡no todo iba a ser malo!).

Al descubrir la doble vida de su marido, Alejandra se obsesiona con la vida que Óscar tenía en La Albufera y se acerca inevitablemente mucho más a Verónica, descubriendo que guardan muchas más cosas en común. Incluso, llega a entender que su propio marido pudiera enamorarse de esa mujer y tener una hija en común. Así, la primera temporada de ‘El embarcadero’ la encontramos enfocada a Alejandra. Vemos y entendemos su duelo. Se acerca a la otra vida que llevaba su marido haciéndose pasar por otra mujer para que Verónica no sospeche de ella hasta que confiesa quien es verdaderamente, y este giro da pie al inicio de la segunda temporada de la serie.

A continuación, se nos presenta el duelo de Verónica. El montaje sigue la misma técnica que en los capítulos anteriores, se alternan escenas del pasado con las del presente. Mientras que en la primera temporada veíamos a un Óscar eufórico con sus vidas, feliz, enamorado de dos personas a la vez, descubriendo sus límites y abrazando su libertad, en la segunda se nos muestra a un Óscar saturado, abatido con una situación que se le ha ido de las manos.

EL ETERNO RETORNO

En esta última temporada la historia gira y gira sobre sí misma. Vuelve a tomar mucho peso la muerte de Óscar y se junta a las dos protagonistas que buscar resolver un crimen que no existe. Incluso, parece que los guionistas quieren que entendamos a Óscar, que lleguemos a empatizar con el personaje y se desarrollan subtramas para que descubramos los entresijos que construyen a un Óscar que necesita acabar con todo. Por ejemplo, ya resulta increíble que se pueda vivir dos vidas durante ocho años en dos lugares diferentes, en cada uno desconecta del otro, pero ahora se nos añade un tercer hogar donde desconecta de los dos anteriores y busca un encuentro con el padre que le abandonó en su niñez, algo que solo sirve para enredar una trama que no llega a ninguna parte (o bueno, quizás quiera hacernos entender que él mismo comprende que es como su padre y tarde o temprano acabará huyendo de sus dos vidas y rompiendo por dentro a las personas que más quiere).

La segunda temporada no llega a estar a la altura de la primera porque la serie parte de un punto y termina prácticamente en el mismo por lo que los espectadores nos quedamos con un sabor agridulce de la serie. La duda sobre si la muerte de Óscar pudiera ser un asesinato ya se siembra en la primera temporada, pero se acaba centrando en otras cosas. Es en la segunda donde cobra más fuerza y volvemos a adueñarnos de un trío de personajes para dar sentido a la trama principal, cuando Verónica Sánchez e Irene Arcos se bastan ellas solitas para comerse la serie. Ambas, en sus respectivos personajes, se obsesionan con la idea de que Óscar fue asesinado y no paran hasta descubrir la verdad, todo gracias a la ayuda y la fuerte presencia que cobra el teniente Conrado (Roberto Enríquez). A partir de aquí la trama comienza a girar sobre sí misma sin llegar a ninguna parte.

Pese a su argumento tan enrevesado, ‘El embarcadero’ cuenta con otros puntos muy positivos. Es indudable que Movistar+ nos regala una ficción a la altura de sus producciones. Su cuidado técnico es exquisito y lo saben, por eso en la segunda temporada se ve mucho más explotado el uso de drones y La Albufera ocupa gran parte de las escenas en cada capítulo (saben cómo cautivar al espectador). La estética de la ciudad vs el lugar de desconexión es notoria y nos traslada a cada momento, aunque el filtro tan amarillento y cautivador en algunas escenas no le sienta bien a la piel de Verónica Sánchez.

Los encuadres utilizados, el montaje y la edición, sobre todo en las escenas de sexo, contienen una delicadeza extrema. Sin embargo, se les ve el plumero. Explotan al máximo su potencial en estas escenas y son conscientes de ello, por eso en la segunda temporada nos hinchamos a ver encuentros de este tipo en cualquier lugar. Pero no es oro todo lo que reluce. Por mucho que la mona se vista de seda, mona se queda. Una producción de este nivel necesita una historia a su altura, y los enredos del guion hace que, a veces, todo decaiga.

Respecto a las interpretaciones, todas están a la altura de las exigencias del guion. Que pierdan fuerza o sobren determinadas escenas y otras se hagan pesadas no es por los personajes, si no por el desarrollo del guion. Se nota que el elenco hace todo lo que puede y lo supera con creces. Por mi parte, doy gracias a ‘El embarcadero’ por descubrirnos a Irene Arcos y hacernos sentir tanto sin saberlo con su personaje, aunque a veces hayamos querido sacudirle porque resulta increíble que una persona con una niña a su cargo pueda vivir sin ninguna responsabilidad tal y como vemos en la serie (otro fallo del guion). El resto del reparto está más que acertado, destacando a Marta Milans entre los secundarios y obviando el personaje de Cecilia Roth, que no parece necesario.

Una serie cargada de un fuerte factor feminista que conduce todas las tramas y donde se tacha a los hombres de llevar doble vida (lo vemos primero con Óscar, luego con Big Boss), hombres débiles que giran en torno a mujeres, destacando el papel y fortaleza de estas. El problema es que esto pierde peso cuando las dos mujeres protagonistas se unen precisamente por un hombre. ‘El embarcadero’ lo tenía todo en su mano para ser un sobresaliente, y se ha quedado en un bien.

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