‘Malasaña 32’: el ‘Insidious’ español

Si lo que quieres es pasar miedo, aunque sea a través de los recursos que llevan siendo efectivos toda la vida, tienes que ver la nueva película de Warner Bros. España y Bambú Producciones: ‘Malasaña 32’. El segundo largometraje de Albert Pintó, esta vez en solitario después de su debut junto a Caye Casas con ‘Matar a Dios’ en 2017, te mantiene atado a la pantalla y sin parar de dar respingos en la butaca.

La historia parte en los años 70 en el barrio de Malasaña, Madrid, donde una familia compra una casa que lleva abandonada cuatro años (desde la muerte de su anterior propietaria). La pareja, casada en segundas nupcias, llega desde el pueblo con sus hijos y el abuelo para emprender una nueva vida en la capital. En plena Transición, se abre así una puerta hacia la felicidad… ¿o no?

El guion, lo más flojo de la película, corre a cargo de Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina y David Orea. Cuesta creer que entre tantas personas que lo firman no hayan conseguido hilar bien la historia y concluir de tal manera sin dar lugar a algo que pudiera mejorar la propia dirección o, incluso, la interpretación.

La parte de crítica social la podemos comprar. Vale sí. Una familia que abandona el pueblo en busca de nuevas oportunidades y donde puedan hacer su vida sin que les señalen (en el caso de los padres, ya que, además de ser pareja, son cuñados) como se hace evidente en una escena en las galerías donde trabaja Candela (Bea Segura). Ahora no nos escandaliza que las personas hagan su vida después de haber estado casados, pero hace unos años el componente social y religioso era tan potente que impedía continuar con una vida normal.

UN GUION QUE DEJA LA PELÍCULA A MEDIO GAS

Sin embargo, y aquí viene la crítica al guion, se utiliza el recurso del susto fácil (que funciona en muchas ocasiones) y un desarrollo en la trama principal poco novedoso. Los sustos están bien, pero lo difícil es combinar estos sustos con un desarrollo narrativo que esté integrado en el transcurso de la historia y que permita al espectador ir conociéndola y entendiéndola, algo que este guion no consigue en absoluto.

La tensión de cada escena, los recursos utilizados, los sustos, todo es fantástico, pero pierde fuerza si no te aporta nada en la narración. La mayor flaqueza de la historia nos la encontramos en su desenlace, sin una justificación de la historia y que no termina de convencer. Una historia que podría ser prometedora a pesar de basarse en los clásicos del cine de terror termina perdiéndose por la falta de coherencia en su narración.

‘Malasaña 32’ adopta ciertas similitudes con el cine de terror tradicional pero, en este caso sí, es un acierto españolizar esos recursos clásicos de miedo. Quizás esto se deba a que nos da más miedo aquello que nos resulta familiar porque lo tenemos a nuestro alcance. Las canicas, la peonza, los patios interiores de los edificios… Esto se une al sonido, una de las partes que más destaca de la película.

El recurso sonoro y la sugestión del fuera de campo son, sin duda, dos de los puntos fuertes de Albert Pintó, el director. Da mucho más miedo aquello que no vemos que lo que se hace evidente ante nuestros ojos. Además, es necesario destacar la ambientación y el decorado basado en los 70 aunque no es muy complicado ya que todo se reduce a un escenario principal y apenas vemos planos fuera de la casa. Pero sí se hace evidente en el vestuario.

En este caso, al contrario que en las críticas a otras películas, no consigo destacar ninguna interpretación frente a otras. La actuación en el filme de Josep Botet (interpretando distintos papeles) está ya normalizada en las películas de este género, aunque no deja de aportar a cada actuación su toquecito. Se nota el trabajo de Begoña Vargas como Amparo, la protagonista de ‘Malasaña 32’, pero no logra transmitir ese terror que, por ejemplo, logró en su momento Sandra Escacena en ‘Verónica’. Aunque, en parte, esto se debe a la poca fuerza que tiene el guion y nos hace llegar a una conclusión: Begoña Vargas demuestra un gran potencial en su primera película.

En conclusión, no es una historia especialmente original, pero consigue su objetivo gracias a la labor del director que logra jugar con los elementos necesarios para crear una atmósfera de terror que te mantiene atado a la pantalla. Aunque tras verla, te des cuenta de las flaquezas la historia.

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