‘Muñeca rusa’: una comedia negra sobre los conflictos internos

TEMPORADA 1

Aunque voy un poco tarde, ya he terminado la primera temporada de Muñeca rusa y, sinceramente, no tengo nada que criticar. Al contrario, es la primera producción de Netflix que consigue enamorarme por completo. Para mí, es perfecta en sí misma, una de las mejores series que de las que he podido disfrutar hasta el momento. De hecho, he terminado la temporada con un nuevo crush: Natasha Lyonne. Al más puro estilo de ‘Atrapado en el tiempo’ de Bill Murray, pero mejorada, necesitamos ir paso a paso para destripar esta grandísima producción estadounidense que cuenta al mando con Leslye Headland, Amy Poehler y Natasha Lyonne, que también protagoniza la serie.

La historia nos sitúa en la vida de Nadia (Natasha Lyonne), una programadora de videojuegos dueña de su propia vida rodeada de excesos: alcohol, drogas y sexo. En la noche de su 36 cumpleaños sufre un accidente que acaba con su vida. Pero este solo es el principio. Una y otra vez. Y otra. Y otra. Y otra. Tras su(s) muerte(s), se despierta de nuevo en el baño de la casa donde se celebra la fiesta de su cumpleaños.

Vaya, pobre Nadia. Con su mal carácter, mal vocabulario, con su sarcasmo… Se encuentra atrapada en un bucle temporal. ¿Qué es ese bucle temporal? ¿Qué significa? ¿Es el purgatorio? ¿Es un sueño? ¿Está loca? Estas y muchas otras preguntas asaltan tu cabeza cuando terminas el primer episodio y esperas a que tu Chromecast cargue lo suficientemente rápido el siguiente para continuar con el maratón al que no podrás resistirte.

Cuando empiezas a centrarte en Nadia y a intentar entender qué le ocurre, aparece Alan en el tercer capítulo y descubrimos que él también se encuentra en un bucle y no para de despertarse tras su(s) muerte(s). Entonces, se nos presenta dos historias paralelas que no parecen tener relación entre sí pero que en el trasfondo sí lo tienen. Porque, dejando de lado los viajes en el tiempo que recubren la historia, Nadia y Alan nos hacen reflexionar sobre ciertos traumas y enfermedades mentales, todo ello tratado bajo el paraguas de la comedia negra.

LA SALUD MENTAL A TRAVÉS DE BUCLES TEMPORALES

‘Muñeca rusa’ es una gran serie que, a través de paralelismos y metáforas, aborda temas de gran trascendencia social. Por ejemplo, su propio título cobra sentido tras ver la serie completa. Parece una metáfora sobre el personaje de Nadia, que sí, que también aparenta los rasgos de una mujer rusa, pero el título va más allá. En el desarrollo de la primera temporada, vemos cómo la protagonista de desarma al más puro estilo de una muñeca rusa hasta que nos muestra su interior, donde reside su trauma (y lo mismo ocurre con Alan).

Además, desde que se conocen Nadia y Alan, el bucle en el que ambos se encuentran les permite vivir una y otra vez las mismas situaciones con la posibilidad de cambiar sus decisiones para comprobar si su destino puede cambiar. Un bucle del que consiguen salir uno con la ayuda de otro, pero conociéndose cada uno a sí mismo e intentando afrontar sus traumas de cara, porque no puedes ayudar a quien tienes al lado si tú tampoco te encuentras bien.

LA BANDA SONORA, LA FOTOGRAFÍA Y EL EMPODERAMIENTO DE LA MUJER

Toda esta serie de entresijos psicológicos y toques de humor negro está respaldada por su magnífica banda sonora. Es necesario destacar el tema que suena cada vez que los personajes despiertan tras su(s) muerte(s): ‘Gotta Get Up’ de Harry Nilsson. Canción que hace referencia a aquello que tienes algo pendiente que hacer antes de que se repita de nuevo tu día. En su conjunto, toda la banda sonora nos regala temas épicos que, si leemos entre líneas, aportan también humor a cada episodio.

La estética lúgubre nos la regala una fotografía de contrastes entre colores, escenas oscuras, tonos cálidos, que nos hace creer que estamos viendo una película de ciencia ficción todo el rato. Solo que esta vez la película se divide en ocho episodios de menos de media hora cada uno. El cuidado de cada mínimo detalle hace que sea una producción excelente poniendo a punto todos sus elementos: buena dirección, buen guion, buenas interpretaciones y técnicamente ideal.

El personaje de Nadia, donde Natasha Lyonne está espléndida, grandiosa, fabulosa… (y todas las cosas buenas que se os ocurran) no deja indiferente a nadie. Es el típico personaje que debería producirte rechazo, pero que, en este caso, te produce todo lo contrario. Y es que, con sus más y con sus menos, con esos vicios feísimos y sin ser ejemplo de nada, Nadia representa la imagen de una mujer empoderada, completamente libre y consciente de sus decisiones (sean del tipo que sean). Los hábitos y la manera de actuar que estamos acostumbrados a ver en un personaje masculino y que tenemos tan normalizado, ahora se presentan en una mujer: fuma, bebe, tiene relaciones con quien quiere sin necesidad de atarse a esa persona, es independiente… Quizás este empoderamiento femenino venga de que las realizadoras y gran parte del equipo, tanto técnico como artístico, son mujeres y es importante utilizar tu posición para normalizar algo que ya debería de ser “normal”.

Ya está confirmada la segunda temporada, algo que sorprende porque la primera termina bien cohesionada y por todo lo alto. Me cuesta entender que ‘Muñeca rusa’ necesite más episodios sin que resulte un desastre, pero estaré encantada de volver a disfrutar de Natasha Lyonne como Nadia (o eso espero).

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