‘En el corredor de la muerte’: los fallos de la justicia norteamericana

MINISERIE

El sonado caso Ibar envuelve a la trama de En el corredor de la muerte, una miniserie original de Movistar + con Bambú Producciones. Solo en cuatro episodios perfectamente armonizados, consiguen plasmar una gran adaptación del libro homónimo de Nacho Carretero en la pantalla. Nos hacen entender el lento proceso al que se somete (y sigue en ello) el protagonista, Pablo Ibar, interpretado por Miguel Ángel Silvestre; y ahondan sutilmente en el funcionamiento que tiene el proceso judicial americano, sobre todo si eres una persona latina.

Y es que, con tal carta de presentación, ya se nos hacía la boca agua esperando al estreno de tremenda ficción. Solo hacía falta leer entre líneas durante la presentación de la serie: la adaptación del libro de Nacho Carretero. Mmm… ¿Nacho Carretero? ¿Nacho Carretero? ¡Bingo! El autor del polémico ‘Fariña’. Además, la nueva adaptación a la pantalla corría de la cuenta de Diego Sotelo, guionista de la adaptación ‘Fariña’ para Antena 3. ¡¡BOOOM!! Si es que era difícil que esto saliera mal. Y más contando con la experiencia de Bambú en la producción de series y con Movistar+, que no para de dejarnos con la boca abierta con sus creaciones originales.

No sorprende a gran escala el cuidado en la producción y el resultado técnico final, pues últimamente todas las producciones de Movistar+, al igual que ocurre con Netflix, gozan de una gran calidad técnica. Este caso en particular necesitaba una producción más cuidadosa por el caso que se trata, los espacios que se recrean, localizaciones, recreación de personas reales… ¡y lo han cumplido con creces!

UN DESARROLLO LENTO

La serie es lenta, porque lento es el proceso al que se enfrenta Pablo Ibar. La justicia no avanza. A pesar de centrar la trama en las numerosas apelaciones judiciales, todo avanza sin apenas ser perceptible para el espectador. Transcurren 25 años desde aquella noche de junio de 1994 donde un joven latino asesina a tres personas en Miramar (Florida). 25 años que en la ficción solo son notables en el aspecto, el cansancio y la desmejora física y emocional del protagonista y el resto del elenco. 25 años donde se suceden cuatro presidentes, se celebran cuatro juicios, tiene dos abogados defensores, un fiscal, un matrimonio, es condenado primero a cadena perpetua, luego a pena de muerte y, finalmente, de nuevo a cadena perpetua con la posibilidad de un quinto juicio en 2025 pendiente de apelación por irregularidades en la instrucción. Todo queda resumido en cuatro capítulos de menos de 50 minutos.

Quizás la serie es demasiado corta para abarcar tanto contenido. Peca de demasiados saltos en la narración, incomprensibles ausencias sobre el caso o el personaje principal y la falta de emoción en algunas escenas. Muchas personas critican esto, cuatro episodios frenéticos con falta de pasión, profundidad, emoción y detalle. Y es que conviene no olvidarse de una cosa: el protagonista no es solo Pablo Ibar. El protagonismo se atribuye a la gestión del caso, al sistema judicial norteamericano, a sus irregularidades.

Todo el peso emocional recae en Tanya, la actual mujer de Ibar, interpretada por Marisé Álvarez. Una mujer que podría haber continuado con su vida y apartar de su camino a un hombre acusado de asesinato pero que, sin embargo, sigue luchando por su inocencia. Supongo que sería muy difícil seguir con tu vida ajena a todo esto cuando sabes que esa persona es inocente porque la noche del asesinato la pasó contigo.

Miguel Ángel Silvestre está sublime, aunque Marisé también lo está, no puedo dejar de decantarme por el producto nacional. Aunque sin largas escenas y poco en profundidad, consigue transmitir esa impotencia sin hacerlo de manera evidente. Para mí, una de las mejores partes de la serie y que más me transmite, gracias al montaje y postproducción del capítulo, es el aislamiento en el corredor de Pablo Ibar encerrado día tras día en una celda milimétrica intentando matar el tiempo con cualquier cosa: deporte, lectura, sueños…

LA FIGURA DE LA JUSTICIA

Sin embargo, aparte del estilo documentalista que puede adoptar la serie sobre un hecho real, el desarrollo del “crimen de Nickedoleon” aumenta de manera progresiva su peso argumental junto a la denuncia de la justicia norteamericana. El sistema judicial muestra sus evidentes flaquezas al centrar toda la acusación en un hombre porque “se parece” a una imagen borrosa del asesino que captó una cámara de seguridad del lugar de los hechos, sin tener en cuenta que el acusado tenía una coartada sólida y de que no se encontraron pruebas científicas aclaratorias que lo situaran en el lugar del crimen.

Además, la Fiscalía siempre muestra una actitud muy despectiva con el acusado, remarcando así otra de sus flaquezas: ¿son menos los latinos que los norteamericanos? Por ejemplo, Pablo Ibar señala en varias ocasiones a los policías cómo se pronuncia su apellido correctamente, pero durante todo el proceso, quienes le acusan y le inculpan constantemente sin pruebas suficientes, su apellido se pronuncia mal. Quizás un ejemplo mínimo de que “sin dinero no eres nadie”.

En el corredor de la muerte se abarca un drama social que denuncia un sistema judicial corrupto y bucea sutilmente por los prejuicios que imperan en Norteamérica respecto a Centroamérica y América del Sur. No se trata de si Pablo Ibar es culpable o inocente, si lo hizo o no lo hizo. Se trata de que la Justicia norteamericana parece haber tomado ya una decisión sin pruebas incriminatorias evidentes y no importa la verdad, solo su decisión y estatus.

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