‘En la hierba alta’: terror, pero no mucho

Netflix lo ha vuelto a hacer. Después de las adaptaciones de ‘1922’ y ‘El juego de Gerald’, la plataforma vuelve a apostar por Stephen King. Esta vez lo hace con ‘En la hierba alta’, un relato escrito por el propio Stephen King y su hijo, el también escritor, Joe Hill. Al mando, en la dirección encontramos a Vicenzo Natali, que carga a sus espaldas con películas como ‘Cube’ o ‘Splice’. Sabiendo esto, hubiera sido más sorprendente que el resultado fuera más negativo que positivo con esta adaptación.

‘En la hierba alta’ parte con dos hermanos, Becky y Cal, que parados en la cuneta de una carretera escuchan las voces de un niño pidiendo ayuda en un campo de hierba alta. Como no hay cobertura, los hermanos deciden adentrarse para ayudar al niño a salir. Una vez se adentran entre la hierba, comienzan a escuchar voces de más personas y notan que no es un campo normal, la hierba es extraña, las distancias y la percepción del tiempo cambia constantemente y nada es lo que parece. Y, ¿cuándo lo es con Stephen King?

La película empieza de una manera envidiable, buen ritmo, intriga… Desde su comienzo se nos plantea la situación y se va al grano, no pierde el tiempo en la exposición de los personajes, que ya se irán presentando más adelante y descubriremos sus dramas familiares, pero todo dentro del agobiante campo de hierba alta. Ya desde el primer momento podemos observar los cambios de la hierba, planos que sugieren que los personajes son vigilados por algo o alguien más, los saltos temporales, un conjunto de elementos que generan un caos en tu cabeza pero que incita a querer saber más, a darle un sentido lógico a todo eso.

Sin embargo, el guion resulta confuso. Aunque la historia es prometedora y empieza pisando fuerte, hacia la mitad del filme, y más en su recta final, se va desinflando. La creación inicial de esa intriga por descubrir qué ocurre en ese campo de hierba alta y con las personas que está atrapadas no da resultado si no explicas ciertas cosas. En historias así es importante dar una premisa, un hilo del que el espectador pueda tirar, para entender (aunque sea a su manera) qué está ocurriendo. Pero hay cosas de las que nunca logramos obtener una explicación.

El guion parece más un texto con falta de cohesión destinado a que nos rebanemos los sesos buscando un significado a la historia. Un significado que no existe. Empieza jugando muy bien con los tiempos, incluso con algunos diálogos de los personajes, pero en el último tercio va cuesta abajo y sin frenos. Se deja de lado el ambiente de tensión y suspense que se había creado durante la mayor parte de la película para pasar a un escenario más gore que no termina de concordar con el transcurso que seguía la historia. Destaca la acción final en vez de optar por resolver ciertas incógnitas sobre la hierba.

El conjunto de ‘En la alta hierba’ es positivo: una buena realización, una fotografía y corrección de color envidiable visualizando la estética particular de los relatos de Stephen King, un trabajo artístico muy notable y una postproducción elaborada más que evidente. Por el contrario, no llega a calar entre las grandes adaptaciones de relatos de terror que te hace tener pesadillas o, incluso, que tengas miedo de dormirte por lo que puedas llegar a soñar.

Las interpretaciones del elenco quedan eclipsadas por Patrick Wilson, a quien podemos ver más que cómodo desenvolviéndose en el que podemos calificar como su género de ficción por antonomasia. Ya le habíamos visto en entregas de terror tales como ‘Insidious’ o la saga de ‘Expediente Warren’, siempre en el lado bueno de lo paranormal. Aquí va más allá. Un Patrick Wilson mucho más siniestro, sin parar de dar giros desafortunados para el resto de los personajes. Pero, sin duda, es el que más puede lucirse.

Definitivamente, ‘En la hierba alta’ es una película que agobia, que angustia por su escenario, algo destacable y con cierto mérito ya que el único lugar que vemos y donde todo ocurre es en este misterioso campo. El interés se desinfla a mitad del filme, después de tener prácticamente hecho el trabajo, cae en picado. El director juega a la perfección con los planos subjetivos y la fotografía para aumentar esa tensión, esa angustia que produce la hierba, y con ello consigue que el escenario no se haga pesado. Es una pena que algo tan prometedor se desinfle tanto.

Es una película con la que puedes disfrutar de un drama psicológico y con la que te rebanarás los sesos buscando una explicación a todo (algo que nunca llegará). A su favor, merece la pena darle una oportunidad, porque te hace pasar un rato angustiante, que es su objetivo. Vicenzo Natali hace un gran trabajo, aunque sigue sin estar a la altura de su ópera prima: ‘Cube’.

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