‘Parásitos’: la película que nos empuja hacia el cine coreano

‘Parásitos’ (Parasite), de Bong Joon-ho, se ha convertido en toda una leyenda y merece ocupar un gran lugar en la historia del cine con mayúsculas. No cabe duda de que la experiencia del director surcoreano en géneros como la comedia (‘Perro ladrador, poco mordedor’), la ciencia ficción (‘Host’ y ‘Okja’) o el thriller (‘Mother’), entre otros, le han dado tablas más que suficientes para superar con éxito la dirección de ‘Parásitos’, la primera película de habla no inglesa ganadora del Oscar a Mejor Película Internacional. Ya se ha convertido en todo un hito, pero no solo por esto.

Las creaciones anteriores de Bong Joon-ho van dando tumbos entre los distintos géneros, pero partiendo con dos premisas: la crítica social con un toque de humor negro. Para entender el trasfondo de ‘Parásitos’ hay que ir un poco más allá. Bong Joon-ho nos presenta su película más cruda con un impactante choque social, no solo a través de un guion espectacular si no, de una manera incluso más fuerte, a través de la construcción visual de las escenas, la composición de los planos, las líneas divisorias, los niveles… El lenguaje no verbal cobra una importancia desmesurada en ‘Parásitos’, que influye de manera involuntaria en el espectador.

Ya se nos muestra parte del significado del título de la película al inicio de la misma. ‘Parásitos’ comienza con un travelling hacia abajo donde se nos muestra la ventana de una vivienda a ras de suelo. Ahí se nos presenta a nuestros protagonistas que se enfrentan a dos problemas: están fumigando en la calle para acabar con una plaga de bichos y la vecina de algún piso superior ha cambiado la contraseña del wifi y se han quedado sin internet. Esta es la familia de los Kim. Cuatro miembros que trabajan en empleos temporales y muy mal remunerados, y que pertenecen a la clase social baja.

El detonante que cambia su vida es cuando el amigo universitario de Ki-woo, el hijo de los Kim, le ofrece hacerse pasar por universitario para dar clases de inglés a la hija adolescente de los Park. Además, el amigo regala a la familia una piedra que atrae la riqueza y que toma cierta importancia en el relato ya que cambia su connotación, de ser un amuleto que puede cambiar la suerte económica de los Kim, se convierte en un arma.

Tras ser contratado, Ki-woo ve la oportunidad perfecta para ir infiltrando a los miembros de su familia en la vida de los Park como sus empleados. Primero, la hija de los Kim, Ki-jeong, consigue dar clases de terapia artística al hijo pequeño de los Park. Y luego ingresan en la unidad doméstica el resto de los Kim: Ki-taek como chófer del señor Park y Chung-sook como ama de llaves de la casa. La familia entera se encarga de que los anteriores empleados pierdan su trabajo para que vayan ingresando en el núcleo de los Park uno a uno y sin tener relación aparente entre ellos.

Una vez la familia de los Kim consigue infiltrarse en la vida de los Park y contar cada uno con un empleo digno dentro del mismo círculo, se nos presenta como en esa mansión se enconden muchos más secretos de los que solo los Kim creen conocer. Comienza así una serie de giros narrativos que nos mantienen enganchados conectando cada detalle de cada historia y cada composición de la escenografía sin dejar ver la realidad sino con una sutileza increíble. Descubrimos un relato muy retorcido sobre la lucha de clases, con detalles que van del humor más absurdo al terror más impactante.

LOS RECURRENTES ELEMENTOS DE BONG JOON-HO

No podemos dejar de hacer un recorrido por ‘Parásitos’ sin pararnos en algunos de los elementos que más nos han llamado la atención. Recursos que Bong Joon-ho utiliza para marcar la naturaleza de los personajes o el mensaje no verbal y sí visual que buscar transmitir de manera sutil a nuestro subconsciente.

Nos referimos, por ejemplo, a los niveles. Cada plano que plasma el director con su correspondiente (e ideal) puesta en escena se divide en distintos niveles si encontramos personajes de distinta clase social. Los Kim nunca aparecen mezclados con los Park en un mismo plano, hasta la escena final (y acaba como acaba). Siempre hay líneas divisorias que marcan la diferencia de espacio entre unos personajes y otros, aunque se encuentren en el mismo plano ocupando el mismo lugar. Las escenas en el coche cuando Ki-taek transporta a cualquiera de los miembros de la familia Park siempre se muestra a cada uno en un extremo del plano, divididos por una línea vertical. O en la escena del salón cuando los Park duermen en el sofá y los Kim están debajo de la mesa, una línea horizontal divide los niveles de los personajes.

En este juego de los niveles, Bong Joon-hoo marca mucho las diferentes clases sociales con las escaleras. La casa de los Parks está repleta de escaleras, las más importantes: las del sótano. Estas escaleras conducen al submundo, a un lugar donde dos personas pobres se esconden como “parásitos” que viven a escondidas y robando comida de los ricos. Igualmente, en la localización donde viven los Kim vemos un papel importante de las escaleras. Viven prácticamente bajo tierra, en incluso en el baño, donde tienen que subir unos peldaños para acceder al inodoro vemos la diferencia. En el momento en el que no encuentran la señal de la red wifi no la consiguen hasta que no suben esos peldaños del baño para acceder “un poco más arriba”. O al final de la película, cuando tienen que huir de la casa de los Park y se encuentran con que su barrio se está inundando por las fuertes lluvias, vemos la cantidad de escaleras que tienen que bajar para llegar hasta su casa (el choque de cambiar de clase social).

Otro de los elementos a destacar en ‘Parásitos’ es el juego de la luz. Las zonas de más luminosidad son reservadas para todo lo relacionado con la familia Park, su casa, sus escenas, sus personajes… Sin embargo, todo lo que rodea a los Kim es oscuro. La luz es más turbia y fría en sus planos, menos cuando se encuentran usurpando otra identidad mientras sirven a los Park (quizás Bong Joo-ho nos quiera decir que aparentan lo que no son).

Pese a las señales que nos manda Bong Joon-ho, nuestro subconsciente parece que sí tiene una cosa clara desde el principio: los malos son los ricos y los buenos son los pobres. Pero nos encontramos que no hay ni buenos ni malos, solo “parásitos”. Unos se nutren de otros. Los Park se aprovechan de sus empleados o, incluso, de sus profesores particulares porque no saben hacer nada por sí mismos. Los Kim usurpan identidades y se aprovechan de la situación y de “sus señores”. No obstante, llegamos a entender a la familia Kim, quizás porque nosotros también tengamos ese olor especial que tiene la gente del metro.

En este sentido, la película no condena ni justifica las acciones de sus personajes. Simplemente se detiene a narrarnos lo que les ocurre a millones de familias y a lo que (posiblemente) todos nosotros estaríamos dispuestos a hacer por ascender en la escala social o conseguir un trabajo en condiciones. Los Kim, como muchas familias pobres, no pueden pararse a planear su futuro (a esto hace referencia en la parte final de la película Ki-taek en una conversación que tiene con su hijo Ki-woo), viven el hoy como si no hubiera un mañana, por eso no piensan en la repercusión de sus acciones cuando se infiltran en la casa de los Park.

Aunque Bong Joon-ho no justifica ninguna acción, sí nos muestra en todo momento que los personajes tienen un motivo para actuar de esa manera. Ese motivo es la situación de pobreza y precariedad en la que están inmersos. Por eso se marca tanto la diferencia, los niveles entre las clases sociales: los pobres aspiran a su ascenso social para conseguir una vida digna (y lo intentan cueste lo que cueste) y los ricos desprecian todo lo que rodea a este submundo, haciendo referencia especialmente al olor.

Así, ‘Parásitos’ nos lleva a la reflexión personal y subjetiva sobre la situación que se viven en todos los rincones del mundo. Nos asienta las bases de la desigualdad, la falta de humanidad, el instinto de supervivencia… Todo a través de una crítica social profunda que no cae en la absurda moralidad del bien y el mal, porque tanto el bien como el mal están presentes en sus dos versiones: ¿quién es realmente el “parásito”?

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