‘Hogar’: lo que estamos dispuestos a hacer por la vida que creemos merecer

Àlex y David Pastor, los hermanos que comparten profesión y se combinan de maravilla, han centrado su carrera en ofrecernos películas sobre enfermedades o futuros apocalípticos pero, ahora, nos ofrecen un thriller que asusta más que la pandemia mundial que actualmente estamos sufriendo, lo que esconde la mente humana. Se trata de ‘Hogar’, nominada en el Festival de Málaga y que logró convertirse en una de sus principales apuestas (aunque, finalmente, se haya cancelado por la crisis sanitaria de nuestro país).

Resulta muy paradójico que Netflix nos haga llegar su nueva producción española en plena crisis sanitaria donde todos nos encontramos recluidos en nuestros hogares, pero la película nos llega a plantear “qué consideramos hogar”. Netflix nos pone en bandeja un thriller con influencias de ‘El autor’, no es de extrañar su parecido ya que además ambas películas comparten actor protagonista, y ‘Parásitos’, con sus contrastes y profundidades, aunque lejos de su original.

El hogar para Javier Muñoz, nuestro protagonista interpretado por Javier Gutiérrez, es la vida que cree merecer. No se trata solo de algo físico, sino de aquello a lo que se aspira, aquello que anhelas, aquello que piensas que te pertenece porque, en definitiva, lo mereces. Los hermanos Pastor explotan en su tercer largometraje lo mejor de sus dos anteriores. ‘Hogar’ cuenta con la tensión sobre un peligro que se acecha sin ser totalmente evidente como ya experimentamos en ‘Infectados’, y aprendieron de los excesos con los que pecaron en ‘Los últimos días’ para regalarnos ahora un largometraje con tres limitaciones: dos personajes centrales y un único lugar, la casa.

Con un ritmo y desarrollo lento, sobre todo en la primera parte del metraje, el guion (también elaborado por los directores) trata de colocar minuciosamente cada ficha en su lugar. Un planteamiento que nos presenta a un hombre, Javier Muñoz, decaído, hundido por ser menospreciado en su sector laboral e incapaz de conseguir un trabajo que valore toda su carrera como publicista. Su situación precaria le obliga a abandonar, junto a su familia, la casa ideal donde han vivido hasta ese momento, y la cambian por un piso en la zona del Carmel en Barcelona que tiene todo que envidiarle a la casa con las mejores vistas de la ciudad.

Un momento de la vida que lleva a Javier Muñoz a plantearse si es lo que merece. No se encuentra a gusto con nada. Se siente fracasado en la relación con su mujer Marga, que se resiente porque ella empieza a trabajar en limpieza y él menosprecia un trabajo que no considera a la altura de su familia. Su hijo sufre bullying en el colegio y él es el último en enterarse porque se centra tanto en su vida que apenas sabe nada en profundidad de los demás.

Tras la mudanza, vuelve a visitar su antiguo “hogar”, donde ve la vida ideal que ahora vive otra familia en el lugar donde él antes se consideraba feliz. Como buen publicista, Javier añora todo lo que vendían sus anuncios, la felicidad tangible, por eso su deseo se convierte en conseguir la casa. Los anuncios no dejan de vendernos la felicidad a través de cánones consumistas y capitalistas, y esto lo vemos reflejado en su principal exponente: el protagonista de la historia.

‘Hogar’ convierte al bueno en malo. Durante la primera parte empatizamos con el personaje de Javier, un personaje que se torna oscuro y obsesivo cuando vemos su acercamiento y sus intenciones con los nuevos inquilinos de la que fue su casa, con la familia formada por Tomás (Mario Casas), Lara (Bruna Cusí) y la hija entre ambos. No dudamos de que Mario Casas se meta de lleno en la piel de Tomás, pero su personaje se muestra de manera más comedida, por eso no llegamos a ver su esplendor como ocurre con Javier Gutiérrez y su actuación.

Finalmente, Mario Casas no nos causa ni rechazo ni empatía, pasa sin pena ni gloria en un guion que otorga todas sus licencias a favorecer a su personaje principal. No obstante, encontramos cierto equilibrio en el resto del elenco gracias a las dos apuestas femeninas: Bruna Cusí y Ruth Díaz que, aunque tienen una presencia más limitada, logran comerse la pantalla.

La dirección de los hermanos Pastor está muy bien llevada y es de valorar y agradecer, siendo uno de los puntos álgidos de la película. Esto lo apreciamos en todo su esplendor en la relación que establece el guion entre los personajes de Mario Casas y Javier Gutiérrez. La construcción del personaje de Javier con tanta profundidad llega a desarrollar la total oscuridad cuando se adentra en la vida de Tomás, descubre sus secretos, sus debilidades, y sin que se dé cuenta (y sin que los demás los hagamos), ambos personajes se convierten uno en reflejo del otro. Se llega a plantear lo que aparentamos ser, lo que somos realmente y lo que esperamos ser (o creemos merecer).

A este cambio de perspectiva sobre el personaje de Javier que experimenta el espectador ayuda una parte técnica envidiable, donde se encuentra el equilibrio entre un montaje ágil y una estética oscura que convierten la vida de Javier Muñoz en obsesiva y siniestra. Una fuerte calidad técnica de contrastes que nos acercan un poquito a ‘Parásitos’, pero quedando lejos de esta.

‘Hogar’ tiene varios puntos fuertes que funcionan en total armonía, entre ellos: la actuación de Javier Gutiérrez (que brilla), un ritmo pausado que convierte el thriller totalmente en psicológico y la música (y buena utilización de ella en la edición) de Lucas Vidal. Sin embargo, y aunque la nueva película de los Pastor asienta muy bien las bases en su primera media hora de metraje e intenta prometer satisfacer las expectativas que se van creando en su transcurso, el desenlace se queda a medio gas.

Centran toda la fuerza de la trama y el esplendor del conjunto en el personaje principal y no en una correcta resolución del guion. Se rinde a una serie de clichés a los que el espectador ya está acostumbrado en este género y lo único que termina complaciéndonos es un Javier Gutiérrez que eclipsa. El thriller se desarrolla con un ritmo lento, pero cuando se acerca el final todo ocurre muy rápido. Parece que lo que se ha ido cociendo a fuego lento ahora tiene prisa por acabar.

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