‘El plan’: la fragilidad masculina en una apuesta arriesgada pero un poco torpe

Polo Menárguez se estrena por todo lo alto con su primer largometraje, un gran debut que no deja indiferente a nadie. ‘El plan’ supone una apuesta valiente y arriesgada por parte de su director, ya que no es nada fácil adaptar a la gran pantalla la original y homónima obra de teatro de Ignasi Vidal con el mismo título. Una comedia con tendencia al drama, en un único espacio y con tan solo tres personajes, con esta premisa ¿qué puede salir mal? Su argumento.

Pese a todas las dificultades con las que cuenta la adaptación, una de las críticas más recurridas es la falta de argumento de la obra en sí. Así pues, vamos a ello.  ‘El plan’ cuenta la historia de tres amigos desempleados que quedan un día en casa de uno de ellos porque tienen un plan (valga la redundancia), pero el transcurso de los acontecimientos ve truncado que el plan pueda ser llevado a cabo impidiendo que ninguno de los tres salga de la casa.

Más allá de su argumento (débil), hay que aclarar que ‘El plan’ no es una historia con argumento, es una historia de personajes. Por ello, todo el peso del guion recae en tres grandísimos Antonio de la Torre, Raúl Arévalo y Chema del Barco que salvan todo el contenido del film gracias a la fuerza de sus interpretaciones. Los tres actores dan vida a Paco, Ramón y Andrade, respectivamente. Representan la fragilidad masculina a través de tres perdedores que no controlan las riendas de su vida y se sienten fracasados mostrándose durante la obra sus distintos roles (hijo, hombre, padre, pareja…). Y este relato es tan crudo (y es el verdadero argumento de ‘El plan’) porque, por desgracia, como ya comentó el director en una entrevista “las frustraciones del hombre se manifiestan siempre con violencia”.

Con un ritmo pausado que nos sumerge en la vida del parado, situación que retrata la película ante la crisis en España, ‘El plan’ evoluciona del humor absurdo al peor de los dramas. Dejando al descubierto pinceladas de las tramas de cada personaje, se nos va mostrando todos los demonios que les envuelven: infidelidad, abandono de la madre, falta de trabajo, problemas sexuales que ponen en duda la “hombría” … Con sutileza de un relato que cruza con agilidad las tramas de sus personajes, nos conduce hacia un inesperado final.

El problema principal radica que, pese a la fuerza de las actuaciones, el argumento en ‘El plan’ resulta casi inexistente y el espectador siente que rema constantemente hacia ningún lado. Aunque, en este sentido, es importante destacar que el director en ningún momento nos engaña sobre lo que la película es. Su tráiler tiene el mismo ritmo y carece prácticamente del mismo argumento que luego vemos en el largometraje.

El plan por el que los personajes se reúnen ese día nunca se nos llega a revelar y poco nos importa después de ese final, solo es un elemento más para crear tensión. Lo que en un principio entendemos como el fin del film, luego se torna como una excusa más para poner a prueba a los personajes.

Pero el resbalón más notable de la película es cuando arriesga (demasiado) apostando por un tema social que nos remueve a todos: el maltratador que asesina a su mujer y a sus hijos. Ya vemos en este personaje un intento constante de exculpación inconsciente de su cometido. Nos introduce teorías sobre el victimismo, nos habla de Freud, del sistema límbico. Con un final desolador que casi parece disculpar lo que suponemos que se está criticando. El sabor es agridulce al entender que se trata de psicoanalizar los malos tratos, pero dejando de lado a sus víctimas.

El resto de elementos de la película poco análisis pueden tener ya que son inexistentes o no juegan un papel primordial para el transcurso y desarrollo de las tramas. La corrección de color y la música se quedan de lado. ‘El plan’ no resalta técnicamente, quizás porque quiere acercarse a la gente de barrio e integrarnos en su puesta en escena, hacernos formar parte de ella. El primer largometraje de Polo Menárguez solo destaca por la actuación de sus tres personajes.

Todos estos contras convierten ‘El plan’, a su vez, en una apuesta valiente porque habla de la crisis económica y del modelo absurdo que se ha impuesto sobre la masculinidad. Pero sobre todo es valiente porque juega con la ambigüedad entre la moralidad y los conflictos internos de los personajes que no deja indiferente a nadie y nos aleja del cine al que estamos acostumbrados.

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