‘Chicas perdidas’: la ficción documentada sobre la vejación hacia las mujeres de clases bajas

Toda historia basada en hechos reales llama nuestra atención, y más si es una historia sobre asesinos en serie y misterios sin resolver. ‘Chicas perdidas’ se basa en una investigación realizada por Robert Kolker sobre la desaparición de una joven en Long Island y la lucha de su madre por encontrarla. Se trata del caso de Shannan Gilbert, una de las asesinadas por el, todavía, homicida en serie de Long Island. La película está dirigida por la cineasta estadounidense Liz Garbus, conocida, sobre todo, en el ámbito documental. Con un estreno en el Festival de Sundance en enero, puede disfrutarse en Netflix desde hace poco más de un mes, donde el confinamiento ha ayudado a su buena acogida.

Se trata de una historia de mujeres contada por mujeres. Liz Garbus como directora de un elenco protagonizado por Amy Ryan, Thomasin McKenzie, Lola Kirke, Oona Laurence, Dean Winters y Miriam Shor, entre otras. Para contarnos esta historial real, Liz Garbus se centra en la figura de Mari Gilbert, madre de una de las víctimas y, desde la desaparición de su hija, activista por la visibilidad de los malos tratos que sufren las mujeres de las clases sociales consideradas inferiores por algunas instituciones. Gracias a la exposición pública y posterior repercusión mediática que logró esta madre con la desaparición de su hija, se encontraron hasta doce víctimas de las mismas características asesinadas por la zona donde Shannan desapareció. Mujeres de alrededor de veinte años y que, en su mayoría, se dedicaban a trabajos sexuales. Estas características fueron utilizadas por la prensa y las fuerzas de seguridad para denigrar la imagen de las víctimas, como podemos ver en la película y en algunas imágenes de archivos de telediarios pasados.

La narrativa de la historia se hace de manera convencional hasta la desaparición de Shannan donde todo parece ir más acelerado, acelerado como debe ser el pulso de una madre que no encuentra a su hija (ni viva, ni muerta). En este sentido, hay una gran relación entre el desarrollo de la acción y la estética de la imagen, todo narrado en tonos fríos y azulados para mostrarnos los claroscuros del caso, trasladándonos la angustia familiar solo con la narración visual. Aunque ‘Chicas perdidas’ no deja de ser una ficción con un transcurso tradicional, la directora muy asidua a la estética documental dota de características del género a la trama. Se combinan imágenes de archivo reales con las secuencias guionizadas de la ficción. Un baño de realidad y muy útil para ponernos los pies en la tierra sobre una historia real. Otorga fuerza, crudeza y realismo a la historia.

Vemos casos en los telediarios donde se justifica la desaparición de estas chicas descarriladas porque “se exponen mucho” y como parecen estar al margen de la sociedad no importan lo suficiente para obtener desde el principio la repercusión que merece el caso. Las administraciones del Estado y los cuerpos policiales encargados de este tipo de investigaciones dan un trato vejatorio y muestran su total indiferencia hacia “estas chicas perdidas”. Al tratarse de prostitutas desaparecidas, no se les da importancia porque son consideradas mujeres de segunda, poco vale su vida. Es más, la búsqueda de las desaparecidas y la protesta contra un sistema que las ignora y menosprecia está protagonizada por mujeres con un mensaje claro: si no nos cuidamos entre nosotras, nadie nos cuida.

Así encontramos un símil con doble intención en el título de la película: ‘Chicas perdidas’. Hace referencia tanto a la desaparición y al caso no resuelto y, a su vez, a que son mujeres al margen de la sociedad convencional. Por ejemplo, la protagonista Mari Gilbert (interpretada por Amy Ryan) es una madre soltera y juzgada por ser cómo es como madre. La acción se desenvuelve en el contexto de una familia con pocos recursos formada solo por mujeres y que no recibe ningún tipo de ayuda. Al fin y al cabo, mujeres juzgadas y rechazadas por la sociedad y entre ellas mismas.

Mujeres que solo piden justicia e igualdad como el resto de casos que se investigan en la sociedad, pero solo reciben acusaciones sobre su propia condición considerando su estatus por debajo de otras personas. Por ejemplo, cuando Mari Gilbert pide igualdad frente al comisario encargado de llevar el caso de su hija solo recibe un ataque donde se la juzga como madre, como si ella fuera responsable de que su hija se dedicara a la vida sexual para subsistir o como si fuera culpable de que un asesino en serie acabara con la vida de a saber cuántas mujeres más. La llamada de Shannan a las autoridades policiales denunciando que alguien la perseguía con intención de matarla se produjo en 2010, la policía tardó casi una hora en dirigirse al lugar de la llamada, no mostraron el interés que merecía y, hasta su muerte en 2016, Mari Gilbert buscó justicia.

‘Chicas perdidas’ no es una película de acción, de hecho, no ocurre nada reseñable en su desarrollo. Es una película dramática que proyecta el caso de un asesino en serie aún sin resolver. Tiene una evolución lenta y angustiosa porque retrata a la perfección el caso, se centra en la denuncia ante la pasividad policial y el trato discriminatorio. Una denuncia social en toda regla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s