‘Fuga de Pretoria’: la falta de discurso político la convierte en un thriller carcelario más

Las ofertas cinematográficas crecen gracias a las plataformas VOD, ¡y menos mal! ‘Fuga de Pretoria’ (‘Escape from Pretoria’) no ha tenido suerte en su estreno por la situación vivida por la COVID-19, como le ocurren a otras películas. Tenía pensado su estreno en salas a principios de marzo, pero hemos tenido que esperar un poquito más para poder verla a través de otros canales.  Basada en el libro ‘Inside Out: Escape from Pretoria Prison’ de Tim Jenkin, el protagonista de la historia, ‘Fuga de Pretoria’ está dirigida por Francis Annan, una manera interesante de hacer su debut cinematográfico como director.

La película comienza de manera llamativa e impactante para un espectador que desconoce el enfoque que se le va a dar a una historia basada en hechos reales. Con imágenes de archivo reales sobre la situación en Sudáfrica con el régimen del apartheid implantado, una voz en off nos conduce durante todo el relato, de principio a fin. Este hilo conductor podemos llegar a justificarlo por el hecho de que se basa en un libro y toda la película en sí parece estar narrada para un lector. Sin embargo, con ese comienzo, cuando parece que Francis Annan nos hará un análisis detallado del contexto y encarcelación de los dos protagonistas, te das cuenta de que no se va a ir más allá.

‘Fuga de Pretoria’ nos cuenta la encarcelación y posterior fuga de tres presos políticos, entre ellos Tim Jenkin (Daniel Radcliffe) y Stephen Lee (Daniel Webber), partidarios del Congreso Nacional Africano y activistas antiapartheid. Dos sudafricanos blancos que, como muchos otros, optaron por arriesgar su vida en pos de la libertad e igualdad en su país. Pese a esta premisa que plantea un contexto más que interesante para contarnos un acontecimiento relevante, la película que bautiza como director a Francis Annan se convierte en thriller carcelario más. ‘Fuga de Pretoria’ es la nueva versión de ‘Fuga de Alcatraz’, de Don Siegel.

No obstante, Annan partía con un contexto muy potente ideológicamente y falla la ausencia de su discurso político. Don Siegel consigue transmitirnos mucho más las fatalidades del encarcelamiento que sufrió Frank Morris (interpretado por Clint Eastwood) que esta nueva película, donde los tintes son muy leves y los más interesante carece de protagonismo en el filme. Destaca Daniel Radcliffe en su papel como Tim Jenkin. El actor se aleja cada vez más del universo Harry Potter y demuestra ser alguien más que “el niño que sobrevivió”. Ya carga a sus espaldas con grandes interpretaciones alejadas de la etiqueta de magia y hechicería, desde películas como ‘La mujer de negro’ hasta ‘Swiss army man’, entre otras muchas y llegando hasta ‘Fuga de Pretoria’ que, si bien no es su mejor actuación, consigue estar a la altura de un guion que no hace demasiado hincapié en el desarrollo de ningún personaje.

El director pasa de largo en la construcción de las personalidades reivindicativas que escondían las personas encarceladas en Pretoria y que durante el desarrollo de la película se relacionan con los protagonistas. La mayoría son presos políticos, activistas en contra de regímenes de sometimiento racial y condenados con penas muy elevadas por su condición ideológica. Si esto no fuera así, no llamaría tanto la atención del espectador, pero cuando se tratan temas de tal calibre se hace necesario que la película esté dotada de matices históricos e ideológicos que permitan un análisis más profundo del personaje y la situación.

Tim Jenkin y Stephen Lee vivían en una situación privilegiada durante el apartheid, dos sudafricanos blancos que podrían haber continuado con su vida sin necesidad de reivindicar nada ni “meterse en fregaos”. En este sentido, Francis Annan no es capaz de hacer un análisis detallado de las razones que estas personas tenían para poner su vida “patas arriba” y protestar contra un sistema tan cruel. Este compromiso personal, ideológico y ético que suponemos que poseen nuestros protagonistas no se aprovecha en la construcción del guion.

La denuncia política queda relegada a un segundo plano y es eclipsada por los momentos de intriga y suspense que se genera en torno a la fuga de la prisión. Es así como Francis Annan nos conquista la mitad de nuestro corazón. Hace un buen uso del espacio-tiempo con los momentos de tensión que genera y cómo nos lo transmite Daniel Radcliffe, además de un uso magistral de los silencios. ‘Fuga de Pretoria’ no abusa de las músicas, pero sí utiliza los silencios con una fuerte carga argumentativa, convirtiendo estas escenas en las más fuertes. Un ritmo impecable que pueda cautivar al espectador en su narración pero que se queda falto de argumento ideológico.

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