‘Unorthodox’: romper con tus raíces por la ansiada libertad

MINISERIE

La liberación y la búsqueda del camino propio nos llega de la mano de Netflix en el mejor momento: cuando más tiempo tenemos para reflexionarlo. Unorthodox, la nueva serie de Netflix que llegó a la plataforma hace un mes, se basa en la historia real de Deborah Feldman, que queda recogida en su autobiografía ‘Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots’. Su historia nos llega en forma de miniserie dramática con cuatro capítulos y una duración media de 50 minutos cada uno.

Es la primera serie de la plataforma hablada, en su mayor parte, en yidis, una lengua utilizada por los judíos más ortodoxos. A través del uso de esta lengua y una variedad de costumbres ultraortodoxas que la serie nos muestra en pantalla, conocemos la historia de una mujer que se liberó de su comunidad Satmar Hasidim trasladándose de Nueva York a Berlín e iniciando un camino propio. Recordemos que esta rama tan extrema de la religión judía tiene su origen en Hungría y proviene, principalmente, de los supervivientes del Holocausto que huyeron de la Segunda Guerra Mundial y se afincaron, sobre todo, en Estados Unidos. Es importante tener esto en cuenta porque a lo largo de la serie vemos varias referencias a la importancia de la repoblación judía, de su procreación y de no abandonar la comunidad.

Un argumento que parte ya con fuerza propia pero que hubiera resultado imposible que se mantuviera al alza sin la magnifica interpretación de su protagonista. Esther Shapiro (Shira Haas) consigue transmitir la cárcel en la que se encuentra su personaje. No es una serie violenta, de hecho, no se muestran escenas de violencia que nos incomode más allá de los métodos de actuación y tradiciones de la comunidad judía que se trata. Todo esto se nos muestra a través de un respeto sublime sin entrar en juicios de valor evidentes y dejando estos para una futura reflexión del espectador.

Esta comunidad ultraortodoxa se nos muestra como cualquier otra rama radical de cualquier religión, no es importante que pertenezcan al judaísmo, lo importante es la representación del papel que juega la religión en la vida de muchas personas que solo viven alrededor de eso. Hecho evidente que, en el seno de la religión, sea cual sea, nace parte del machismo integrado en la sociedad. Los varones siempre tienen vía libre para no responsabilizarse de sus actos y son siempre atendidos y contentados por las mujeres que les rodean, en una primera fase, sus madres, en una segunda, su mujer.

Uno de los ejemplos más evidentes que vemos en esta ficción de Netflix se nos presenta dentro de la misma comunidad, donde hay un claro trato desigual entre hombres y mujeres. No únicamente evidenciamos este trato en el hecho de que la mujer solo se concibe para procrear y ser buena esposa, si no que vemos también que las mujeres son culpabilizadas de todo, no pueden tener ninguna afición. A su vez, se nos muestra también la cara B de la moneda: Moishe (Jeff Wilbusch). El primo de Yanky Shapiro (Amit Rahav), el marido de Esty, también pertenece a la comunidad y tiene adicción al juego, fuma y frecuenta lugares de alterne. Para los hombres siempre hay segundas oportunidades e, incluso, puede llegar a hacerse la vista gorda en más de una ocasión, pero no existe esta opción para las mujeres.

No es de extrañar ver una lectura feminista en todo el transcurso de la serie, ya sea en la parte documentada con el libro de Deborah Feldman, como puede ser la mayor parte de los flashbacks donde se muestra la vida dentro de la comunidad de Esty, o en la vida que descubre nuestra protagonista en Berlín. Y es que tras la pantalla nos encontramos con mujeres, ‘Unorthodox’ está escrita por Anna Winger y Alexa Karoliski, y dirigida por la directora alemana Maria Schrader. ‘Unorthodox’ no es una serie que destaque en su forma. Técnicamente es muy correcta pero sin destacar en nada. La serie se centra en su fortaleza principal: una actriz que transmita bien una historia real (y una actualidad de muchas mujeres). Y ahí lo consigue con creces.

Shira Haas nos transmite la angustia y el ahogo de Esther con su mirada, su forma de decir las cosas, su manera de actuar, su extrañeza al sentir que no encaja en una sociedad donde la mujer es considerada como un objeto con la finalidad de procrear. Gracias a la actuación impecable de Shira Haas entendemos la presión que pueden llegar a sentir muchas personas, en este caso sobre todo mujeres, que viven bajo el paraguas de una comunidad que no supera su pasado y viven únicamente para aumentar su colectivo.

Lo más interesante es la presentación de un mundo desconocido para el espectador. Una comunidad judía ultraortodoxa que muestra en pantalla todos sus hábitos y que no llegamos a comprender, pero que retiene nuestra atención. Por ello, las secuencias en Berlín de Esther lejos de la comunidad no suscitan tanto interés para el espectador, aunque es en estos momentos cuando se juega con el autodescubrimiento de la protagonista. No llama la atención la vida corriente a la que ya estamos acostumbrados, lo novedoso de la serie que la hace funcionar en primer lugar es el descubrimiento de una sociedad que muchos ignoramos. Entonces aquí sí que recae todo el peso en la figura de Shira Haas como Esther. Toda la serie se viste de un discurso social que nos envuelve. Las creencias religiosas condicionan y limitan la vida y el pensamiento de cada individuo.

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