‘La marca del demonio’: un (mal) proyecto estudiantil llevado a Netflix

Estrenada en salas mexicanas en enero de 2020, todavía no encontramos la explicación de cómo ha podido llegar a la gran pantalla. En marzo, Netflix nos complace albergando en su catálogo una película como ‘La marca del demonio’, lo que demuestra, una vez más, que el catálogo de la plataforma sobre series está muy por encima de las producciones cinematográficas. Producida por Hakuhn/Corazón Films y adquirida por Netflix para su distribución mundial (¡vaya marrón!), cuenta con la dirección de Diego Cohen, no muy bien valorado en FilmAffinity, que puntúa la película con dos puntos y medio sobre diez, y han sido muy benévolos.

La película comienza de manera aceptable hasta la introducción de sus créditos de inicio donde se da paso a un fundido negro y, todo lo que se había conseguido en la introducción, se diluye. Esta transición, que da paso a una elipsis temporal tras habernos mostrado un exorcismo fallido a un niño, supone avanzar hacia el suicidio de la película. En ese momento, el espectador se da cuenta de que lo mejor era ese comienzo y solo ese comienzo.

‘La marca del demonio’ cuenta una historia de posesiones y exorcismos. Treinta años después de ese exorcismo que presenciamos en la primera secuencia, llegamos a la vida de la familia De la Cueva, cuya hija mayor parece mostrar síntomas de posesión demoniaca. Tras acudir al médico en varias ocasiones para obtener un diagnostico que justifique su comportamiento, la hermana pequeña acude al Padre Tomás (un Eduardo Noriega que, desde luego, no sabe elegir bien los proyectos que se le proponen) para pedirle ayuda.

El argumento no presenta nada nuevo, algo que suele ocurrir en el género de terror, pero que muchos directores consiguen sacar adelante gracias a una lograda puesta en escena, un ágil montaje y unas interpretaciones reseñables. Elementos con los que ‘La marca del demonio’ no cuenta. Toda su realización se sustenta en una falta de recursos latente que imposibilita llegar a construir una película a la altura del cine de terror. La producción de sonido es pésima, siendo este uno de los elementos claves en este género. El resultado final es un casting lamentable, una inexistente dirección de actrices y actores (al menos que sea perceptible) y que, en su conjunto, parece un trabajo de tercero de carrera de audiovisuales, y ya es mucho decir. La justificación del bajo presupuesto no ampara la mala producción y realización de la película, ya no solo por los medios que se utilicen, si no por la forma de ejecutarlos.

Ni siquiera hay un guion sólido al que el espectador pueda aferrarse. No llega a desarrollar la idea original que parece plantear el director al comienzo del film con una cita sobre el cine de terror de H.P. Lovecraft. Parece que Diego Cohen puso toda la solidez de ‘La marca del demonio’ en su inicio y el resto de la película se quedó para vestir santos. Ni si quiera el reclamo de contar con Eduardo Noriega suscita interés sobre el relato. Ningún personaje consigue transmitirnos un mínimo de veracidad sobre las tramas, de hecho, nos llega a dar igual las posesiones o lo que les ocurre porque no empatizamos ni lo más mínimo con ellos. Su único punto a favor es su escasa duración, aunque lo que más destaca es su final, y no por nada, sino porque ya termina. Adiós Diego Cohen, flaco favor le haces al cine de terror.

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