‘Madame C.J. Walker’: una apuesta con Octavia Spencer siempre merece la pena

MINISERIE

Después de cerca de 250 años de estar sometidos legalmente, en 1863 se abolió la esclavitud en Estados Unidos de manera oficial según apuntaba la Promulgación de la Emancipación que llevó a cabo Abraham Lincoln, pero la realidad es que la raza negra no llegó a considerarse igualitaria a la que anteriormente habían sido sus dueños. Incluso, ahora, dos siglos después, la xenofobia sigue arraigada a muchas culturas y personas que viven en países desarrollados. La nueva serie de Netflix nos sitúa unas décadas después de esta especie de ‘liberación’, que bien tardó en llegar mucho más que con este documento.

‘Madam C.J. Walker, una mujer hecha a sí misma’ nos cuenta como en, menos de quince años, Sara Breedlove, conocida como madame C.J. Walker, cambió toda su vida apostando por una oportunidad laboral en un mundo donde el machismo y la xenofobia estaban a la orden del día. Una mujer afroamericana que erigió un imperio de productos capilares y de belleza de la nada y que se posicionó en la primera mujer de raza negra convertida en millonaria por sus propios medios y éxitos. Con el pretexto de su propia prosperidad económica y el crecimiento personal en el ámbito laboral de una mujer sin estudios, en la serie podemos ver a todos los prejuicios que tuvo que enfrentarse, tanto raciales como sexuales, y su lucha por el reconocimiento y el impulso empresarial femenino a favor de un cambio en la sociedad.

Su nombre de soltera es Sarah Breedlove (en la serie, interpretada por una estupendísima Octavia Spencer que desprende ambición y superación) y nació en 1867 en Louisiana, en una plantación de algodón. Huérfana desde los siete años, casada a los catorce y madre a los dieciocho. Tras la muerte de su primer marido, se mudó a St. Louis donde trabajó como lavandera, donde cobraba alrededor de un dólar diario. Debido a la mala dieta de la época para estas personas que no tenían apenas para mantenerse, los problemas económicos, el trabajo diario del que no descansaban y otros problemas, muchas mujeres tuvieron problemas capilares donde acaban perdiendo su cabello por estrés, mala alimentación y malos hábitos (muchas no podían lavarse el pelo a menudo por la falta de agua).

Tras un tratamiento de una clienta que le hizo recuperar el cabello y la confianza en sí misma, comenzó a investigar una gama de productos que permitiera que las mujeres rescatasen todo lo que habían perdido con su cabello. Así conoció y se casó con su segundo marido: Charles J. Walker (en la ficción, Blair Underwood). Un vendedor de anuncios que ayudó a Sarah a promocionar su producto bajo su nombre: Madame C.J. Walker. La serie nos muestra todo este recorrido y cómo llegó a fundar en 1910 la Madame C.J. Walker Manufacturing Company.

Una metáfora que podríamos considerar tal y como se plantea la historia en esta producción de Netflix. Una mujer acabada, condenada a su vida de lavandera y sobrepasada por su situación física y mental. Con la autoestima por los suelos, es capaz de sobreponerse y crear una gama de productos que ayuden a las mujeres en su misma situación. Una mujer empeñada en triunfar sin la necesidad de contar con nadie y que emprende un proceso de liberación de la población de color.

Producida por la misma Octavia Spencer y por LeBron James, basada en el libro ‘On Her Own Ground: The Life and Times of Madam CJ Walker’ escrito por su tataranieta A’Lelia Bundles, y con una ambientación que es de agradecer, la realización no pasa por su mejor momento. La ganadora del Oscar por ‘Criadas y señoras’ supera los límites que impone la propia producción. Una historia que, como buen biopic, se toma sus licencias en la ficción y peca de demasiado optimista, a falta de escenas crudas que la protagonista tuvo que vivir, no necesitamos que estos acontecimientos se nos retraten en pantalla, la actuación de Spencer nos traslada por cada uno de los momentos a los que tuvo que enfrentarse Sarah Breedlove. Hay que estar muy atento a como transcurren los tiempos y evoluciona la serie porque no hay matices temporales relevantes que te indiquen en qué momento estamos, tan solo vemos su creciente evolución pese a los obstáculos que hay.

Llama la atención la actuación de Tiffany Haddish como Lelia, la hija de Sarah, que, si bien sirve para aportar un matiz cómico a la serie, no deja de escapar al entendimiento del espectador por el contexto en el que se representa. Al igual que la “lucha entre gatas” que el guion se permite la licencia de añadir entre los personajes de Addie Munroe, interpretado por Carmen Ejogo y que es una especie de representar otra magnate del producto capilar Annie Malone, y Sarah Breedlove. Un enfrentamiento que rompe un poco el discurso de la serie.

Lo más interesante son esos números musicales que se cuelan en cada episodio y donde parece que Sarah se dirige a los espectadores y transmite sus emociones. En el primer capítulo un combate de boxeo con Addie Munroe para mostrar el enfrentamiento y sus ganas de vencer y crecer en su propio camino en los negocios, la rivalidad escenificada (y existente, de esta manera, solo en la ficción). Luego números musicales de triunfo, de valoración. Un mensaje de motivación hacia los espectadores y una forma de aparcar la acción de lo que ocurre para mostrar la parte emocional interior.

En este sentido, y pese a que la serie cuenta con diferentes puntos a favor, solo consigue quedarse en una propuesta interesante pero mal explotada. La historia se desaprovecha en varias ocasiones porque su falta de rigurosidad y lo mal retratados que están algunos personajes relegan la producción a un segundo plano, que te hará disfrutar de una tarde de maratón y que servirá para que investigues por tu cuenta la verdadera historia de este hito para la comunidad negra. Eso sí, su discurso en la ficción funciona de maravilla y puede ayudar a que nos planteemos muchas cosas: la superación de la mujer en el ámbito laboral.

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