‘La inocencia’: cuando somos mujeres y niñas a la vez

Estrenada durante el mes de septiembre en el Festival de San Sebastián, ‘La inocencia’ no llegó a nuestras salas hasta enero de 2020, y por desgracia no pudimos disfrutar de ella lo suficiente, ni si quiera lo necesario. Y eso que contaba con una magnífica carta de presentación: dos nominaciones de los Goya y siete en los Premios Gaudí de diciembre. Ahora, desde principios de mayo, podemos verla en condiciones en Movistar+.

El debut de Lucía Alemany como directora cinematográfica es una producción de Un Capricho de Producciones, Turanga Films y Lagarto Films. El guion de Laia Soler junto a la propia Alemany nos enseña una historia y un entorno que la directora parece conocer a la perfección. Nos sitúa en el municipio castellonense de Traiguera, un pueblo lleno de chismorreos y donde todo el mundo se conoce. Un ambiente asfixiante para cualquier adolescente con aspiraciones que se salgan de lo establecido en un ambiente heteronormativo y patriarcal.

Así ocurre con Lis (interpretada por Carmen Arrufat, que estuvo nominada por su actuación a Mejor Actriz Revelación en los Premios Goya), una adolescente que sueña con terminar la ESO e ingresar en una escuela de Barcelona para estudiar circo. Algo que ni su pareja, ni sus amigas, ni su entorno familiar parece comprender. ‘La inocencia’ comienza con las fiestas de verano en el pueblo, un ambiente de diversión y desenfados que se ve crispado por la vuelta a la rutina con el comienzo del curso escolar con un ecosistema opresor que ejerce un pueblo donde cualquiera se convierte en su comidilla sin pretenderlo.

‘La inocencia’ es una puesta mucho más atractiva por su forma y dirección (gracias a sus interpretaciones) que por su argumento. Lejos de envolver la trama en un embarazo no deseado, nos plantea la evolución de un personaje que no es solo una niña, pero tampoco es solo una mujer. En una etapa de tránsito, Lis es niña y mujer, las dos cosas a la vez. Con la pureza y la lucha de los comienzos de cualquier y su constancia para conseguir su sueño, no parará de luchar hasta hacerlo, o acercarse a él. Pero en ese camino, no perderá la inocencia de cualquier niña, ni si quiera aún teniendo motivos para hacerlo.

Sin la intimidad necesaria para crecer y madurar con total libertad, Lis intenta ocultar todo lo que conlleva su vida, sus aspiraciones (en un principio, su familia ni las conoce), su novio (reniega de su relación incluso delante de sus amigas), etc. Todo con el objetivo de no dar que hablar, algo que le preocupa también mucho a su madre. Con ese ambiente tóxico, Lis siente la necesidad de huir de allí y, mientras tanto, pasar desapercibida.

En ‘La inocencia’ podemos ver la marcada brecha generacional entre Lis y sus padres. Con un entorno asfixiante y una inexistente comunicación en su círculo familiar, se aprecia el doble la interpretación del reparto más veterano de la película: Laia Marull y Sergi López como los padres de Lis. Dos personajes que van a la deriva, que también están perdidos a su forma y que se encuentran atrapados en el lugar donde han crecido y han formado su familia. Por eso es tan difícil ampliar su punto de vista. Sus dos actuaciones aportan experiencia al film de Lucía Alemany, aunque Carmen Arrufat se come todo el peso y no le hace falta apoyarse en ningún personaje.

Ahí encontramos otro conflicto de la protagonista, su pareja. Joel Bosqued, el tercer veterano de la interpretación que encontramos en ‘La inocencia’ aporta su granito de arena para que la ensoñación de una adolescente que mantiene una relación con alguien unos años más mayor se convierta en otra necesidad de escape. Joel Bosqued representa todo lo que unos padres no querrían para su hija. A través de su papel, se nos muestra el trato con las drogas en los jóvenes (donde no están exentos los de los pueblos), el sexo temprano con Lis, su papel en la decisión de su pareja sobre el aborto o su conducta violenta cuando Lis se muestra como una mujer independiente. Sin embargo, Alemany no se mete en calificar o acusar a ningún personaje de sus actos. No les juzga, entiende el sistema patriarcal en el que vivimos, el que ella recuerda tan aferrado a un pueblo, y ese ambiente de chismorreos que corta las alas a cualquiera.

Ese halo de comprensión que el personaje de Lis necesita solo lo encuentra en el personaje de Sonia Almarcha, que interpreta a la madre soltera de su mejor amiga. Una mujer sin prejuicios y juzgada en todo el pueblo por sus métodos naturales de curación. Una mujer que se sale de los estereotipos establecidos en los pueblos pequeños. Pero aún bajo el paraguas de la comprensión de esta mujer, Lis entiende que por mucho que comparta su vida, su vida es solo suya y las decisiones las toma ella. Sin perder la inocencia que caracteriza a una niña y mujer a la vez, Lis aprende que debe asumir sus actos, pero que no tiene porqué dejar de soñar.

Es durante todo el metraje cuando vemos a una actriz de apenas dieciséis años capaz de soportar toda la importancia de argumento a sus espaldas, y lo borda. El carisma que desprende Carmen Arrufat es monumental. Ese crecimiento interior del personaje que Arrufat es capaz de plasmar con su actuación nos confirman que, si le dan las oportunidades que merece, esta actriz puede regalarnos grandes momentos en la pantalla. Su interpretación junto a la dirección de Lucía Alemany dota el discurso y argumento de la película de gran naturalidad y credibilidad. Una demostración más de que películas como ‘La inocencia’ solo son capaces de retratarlas mujeres.

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