‘La valla’: una apuesta ambiciosa con objetivos fallidos pero muy prometedora

TEMPORADA 1

Con tantas series a sus espaldas parece imposible que el productor y director Daniel Écija pueda sorprendernos con sus nuevas apuestas. Pero el caso es que lo consigue, y nos sorprende de pleno. Su última serie de televisión desempeñando los papeles de creador, productor y guionista, tras la emisión de sus últimos trabajos ‘El accidente’ en Telecinco o ‘Estoy vivo’ en Televisión Española, es ‘La valla’, una apuesta arriesgada de ciencia ficción para el contenido que estamos acostumbrados a ver en Atresmedia.

‘La valla’ es la reciente producción española con la colaboración de Atresmedia y pensada para emitirse en abierto en Antena 3, aunque primero se ha estrenado en Atresplayer Premium para su posterior lanzamiento durante este año en abierto. En un futuro distópico, año 2045, y tras sufrir un nuevo conflicto mundial, se ha implantado un régimen dictatorial en la mayoría de las democracias occidentales para controlar la escasez de alimentos lo que supone una mayor división entre las clases sociales, remarcando a los muy pobres y a los muy ricos. El control de la población se justifica mediante la mejora de su seguridad. Además, nuevas enfermedades han surgido con el pretexto de diezmar a la población, pero hay un virus que son incapaces de controlar.

Se abren varios frentes en una serie que habla de un futuro no muy lejano pero que recuerda a imágenes pasadas. La capital madrileña se encuentra dividida en dos sectores: la población sometida que se encuentra dentro de un territorio vallado y la población adinerada y que desempeña cargos de gran relevancia en la directiva de gobierno. La valla no puede ser cruzada sin las autorizaciones necesarias, y solo pueden salir del territorio cercado por motivos laborales con los papeles correspondientes. El hilo conductor que nos va descubriendo todo este entramado es la familia de Emilia (Ángela Molina) que, con unos ideales firmes y la búsqueda constante de la verdad, se verá obligada a enfrentarse a un gobierno que tiene en sus manos a la niña pequeña de la familia.

La nueva apuesta de Daniel Écija abarca mucho más de lo que puede llegar a gestionar. Es un proyecto ambicioso porque trata temas que son de gran interés social en la actualidad, como la preocupación por el cambio climático y la importancia del reciclaje hasta el ascenso del populismo político y el control y las diferencias entre las clases sociales. Y lo más importante, una serie que ha llegado en el momento indicado, aunque esto puede generar mucha controversia cuando se emita en abierto, por lo que me temo que tardaremos en verla en Antena 3.

Sin duda, se nota que Atresmedia ha apostado todo en su nueva producción, en colaboración con Good Mood Productions, ya que su ambientación es digna de alabar y su calidad técnica no se queda atrás. La elección de las localizaciones es muy destacable, siempre teniendo en cuenta lo complicado de realizar una serie de ciencia ficción sobre un futuro en una ciudad que existe actualmente y que es necesario reconstruir con decorados, y la fotografía y el uso de la cámara recuerda mucho a las técnicas utilizadas en ‘Estoy vivo’, y por ese camino no se va nada mal. El problema es que no llegan a confluir todos los elementos en plena armonía. Gran parte del casting, la puesta en escena y el vestuario hacen todo lo posible por destacar y barrer para dentro los errores que se cometen en ocasiones en los departamentos de producción y realización, que a veces no resuelve con soltura la gran calidad técnica que lleva a verse en otras ocasiones.

El guion construye un planteamiento al que se le escapan muchas cosas que se querían recoger. A veces, el peso de la trama familiar diluye el mensaje político de la serie. Lo que se antoja interesante de la trama es lo que los espectadores pueden ver reflejado de su sociedad en una serie de ciencia ficción, y más con las similitudes que encontramos ahora en plena crisis sanitaria. ‘La valla’ se excede en su metraje. Aunque no son capítulos largos, sí son abundantes. Un recorte de las tramas y el haber evitado ese empeño por emparejar a Julia con su cuñado hubieran ayudado a no diluir la atención del espectador a mitad de la serie.

Lo verdaderamente novedoso para una serie de televisión de este tipo es el misterio que rodea a ese virus invencible y la vacuna que solo tienen inyectadas Julia y su sobrina, conocer ese contexto, lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo. Se abren muchos puntos a los que mirar, pero pocos tienen un desarrollo complaciente y muchos se quedan en el tintero. Sin embargo, ‘La valla’ consigue jugar de manera complaciente con el misterio y la intriga que suscitan sus tramas.

Otro de los aspectos que más llaman la atención del espectador son las semejanzas con novelas como ‘Los juegos del hambre’ o ‘1984’. Como en ‘La valla’, ambas obras también tratan del control de la población, de la élite y el submundo, y la nueva serie de Atresmedia bebe mucho de eso. Los paralelismos asustan y, pese a basarse en un futuro distópico, muchas cosas recuerdan a la historia de España ya vivida, por ejemplo, los niños robados durante el franquismo y entregados a la élite, el control mediante el miedo, la importancia y enaltecimiento de las fuerzas de seguridad y del Estado, el control de los medios de comunicación, el racionamiento de la población, toque de queda…

Una España futura que está muy bien llevada por su elenco. Aunque hay algunas escenas donde las interpretaciones pueden parecer forzadas por, en ocasiones, la deficiente realización, el dictamen completo es satisfactorio. El casting lo encabezan Olivia Molina, Unax Ugalde, Ángela Molina, Abel Folk y Eleonora Wexler. Con una presentación así, es difícil que la cosa vaya mal. El entrenado reparto de ‘La valla’ cumple con creces su propuesta, incluso los más pequeños resultan convincentes: Laura Quirós como Marta Mujica e Iván Chavero como Sergio Covarrubias.

Pese a que ‘La valla’ termina escapándose un poquito de las manos de Daniel Écija, es una serie necesaria para la ficción televisiva actual porque propone el uso de nuevos formatos de manera atractiva. Apuestas que hasta hace poco era impensable ver en televisión y que ahora pueden conseguirse gracias a la extensión de los límites de la ficción a la que estábamos acostumbrados. Es muy importante que los creadores audiovisuales apuesten por ficciones con mensajes ambiciosos, con un peso potente en el reparto y con un desarrollo técnico que envidien fuera, porque en España nos sobra calidad.

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